jueves, 14 de junio de 2012

Se puede oír decir a B. Gros (1998): ‘En las revistas especializadas en videojuegos se puede leer que el videojuego Pete Sampras Tennis 97 logrará un grado de realismo tenístico nunca visto en un ordenador personal. Éste último simulador de tenis que produce la industria informática en el momento de escribir estas líneas, pero seguramente cuando ustedes las lean ya habrá salido una nueva versión. Así es el mundo de la informática y de los juegos de ordenador: calificarlo de veloz sería poco.’ (pág. 18).
Hace casi 25 años, un programa llamado Pong fue el primer videojuego conocido con este nombre. En estos tiempos encontramos ordenadores como el famoso Spectrum, el Comodore 64 y MSX; unos ordenadores de 8 bits que hacían las delicias de los que los poseían, sin olvidar la época dorada el BASIC. Los juegos que se utilizaban con ellos se guardaban en cintas de cassette, las cuales, se podían confundir con las cintas de música, par aquellos que no estuvieran al día con estas tecnologías. Este tipo de ordenadores no necesitaba pantalla, sólo necesitaban un televisor al que enchufarlo, sintonizando el televisor en un canal para el ordenador, pudiéndose ver cosas en color, en una pantalla decente y con sonido. Esto, como es de entender producía furor y estupor en aquellos años, puesto que nunca se había visto nada igual hasta ese tiempo (Gros, 1998).
Son aquellos juegos que proceden de las máquinas recreativas los que llegan en primer lugar al mundo de los microordenadores. El conocido hasta la saciedad Pac Man, un clásico videojuego conocido popularmente como comecocos, aquel círculo amarillo con boca en forma de quesito que huye y persigue a unos fantasmas cuando toma su píldora, que los fantasmas sean vulnerables. Un videojuego en donde la destreza a través del laberinto de la pantalla hace que nos entretengamos. Hoy día podemos verlo ya en tres dimensiones (3D), con brazos, piernas y una sonrisa simpática y agradable. Y como olvidar esos juegos de naves espaciales o versiones de matamarcianos, en donde el usuario maneja una nave de las naves enemigas y de los marcianos con el propósito de defender la Tierra de los invasores. En cambio, hoy vemos estos matamarcianos que son utilizados como salva pantallas para el ordenador, o como "juegos de espera", para que mientras que el ordenador o la consola se cargan entretenernos un momento matando algún marciano. Después aparecería el Arkanoid, en donde controlamos una pelota que rebota en una barra que nosotros controlamos de izquierda a derecha, para que los ladrillos que se encuentran en la parte superior de la pantalla sean destruidos al contacto con la pelota, para así poder romperlos todos, haciéndose visible la dificultad para calcular el ángulo, así como la destreza en el manejo de la barra, haciéndose patente nuestra fijación en la bola para poder controlar su destino.
Ya, en los años 80 aparecen los ordenadores PC (Computer Personal). La época de los ordenadores Amstrad que crearon adicción a los niños, por su novedad en los hogares. De este modo podemos observar el cambio de estos ordenadores utilizados en la empresa, a ser utilizados en las casas de cualquier ciudadano, así como en las instituciones escolares, sirviendo de apoyo y refuerzo para los alumnos.
Como expone B. Gros (1998): ‘Lo cierto es que las posibilidades que tienen para reproducir las características de los programas de juegos son pocas. Al principio solo existen con pantallas de color negro con caracteres verdes y un horrible e incontrolable sonido emitido por un altavoz interno. Los PC’s ganan en velocidad y en capacidad de almacenamiento, pero el sistema gráfico es pobre. Además, cuestan demasiado dinero "para jugar".’ (pág.18).
Todo esto que relata B. Gros es una verdad como un templo, ya que podemos apreciar aquellos que tuvieron uno en casa, la gran diferencia del ayer al hoy, en donde la velocidad y la memoria de los ordenadores se ha visto acrecentada en un gran nivel. Quien no recuerda esos monigotes blancos en pantallas verdes que hacían las delicias de los que jugaban, hasta hoy que la multitud de colores es una copia exacta de la realidad, así como los movimientos que denotan vida, no como aquellos que solo iban en cuatro direcciones y sus correspondientes diagonales; si es que las tenían (izquierda, derecha, arriba y abajo).

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